martes, junio 19, 2007

Retrato Hablado




A lo largo de estos últimos 19 años me ha tocado recorrer una serie de lugares que albergaron a un sin número de personajes y en muchos de esos encuentros el intercambio de datos me hizo reflexionar sobre temas esenciales; por eso creo oportuno aglutinar esas experiencias en un constructo visual...
La inmutable individualidad de los seres que me tocó detener con el lente forman parte de una memoria anclada en un soporte tangible que creo necesario compartir con el público...
En este largo derrotero viajé por muchos destinos y en esta diversidad de lugares me detuve con ojo inquieto a mirar esos rostros; inconcientemente buscaba algunas respuestas pero a la luz de las imágenes me fui transformando en un simple recolector de la fisonomía humana...
De ese modo, la gente y su espacio se fue convirtiendo en este trabajo.


Casas de Lo Matta
4 de Junio al 3 de Julio-2007
Fotografías- Gabriel Pérez Mardones

Francisco Coloane-Escritor

Menem-Campaña Presidencial 1995

Bar-Santiago

Buenos Aires

Chacagua-Mexico

Trinidad-Cuba

Gaitero-Santiago

La Habana

Barcaza Valdivia-Alta Mar

Jacques Chirac

Joan Manuel Serrat

Jorge Gonzalez-Los Prisioneros

José Donoso-Escritor

Juan Emilio Cheyre

Mujer y Perro-Isla Robinson Crusoe

Juan Pablo Orrego-Alto Bio-Bio

Martín y un Koatí-Isla Robinson Crusoe

Madres de Plaza de Mayo-Buenos Aires

Anton Martin-Madrid

Melgarejo-Excavaciones del Tesoro de Lord Anson

Bernardo Leigthon

Montalbán-Mexico

Isla Robinson Crusoe

Nicanor Parra-Poeta

Niña-Santiago

Camino del Inca-Perú

La Habana

Auckland-Nueva Zelanda

Auckland-Nueva Zelanda

Osvaldo Peña-Escultor

Auckland-Nueva Zelanda

Arenal-Isla Robinson Crusoe

Antofagasta-Chile

Marcos-Valparaiso

Reos-Cárcel de Colina

Rino Rojas-Isla Alejandro Selkirk

San Miguel de Allende-Mexico

Pan de Azucar-Chañaral

San Pedro de Atacama

San Telmo-Buenos Aires

Santa Lucía-Cuba

Sibylla Arredondo

sábado, junio 02, 2007

Manuscrito hallado en un bolsillo



Conocí la pluma de Julio Cortázar en la secundaria, tenía que leer La Noche Boca Arriba y la verticalidad del tiempo expresada en las palabras de este alargado autor me sedujo de entrada...
El interés manifiesto por conocer su obra hizo que llegara a mis manos su primera novela, Los Premios...
Y no deja de ser paradojal que su lectura desembocara justamente antes de embarcarme a conocer los territorios de ultramar. Como se sabe, la temática de dicha novela trata sobre la espera de un barco en el puerto de Buenos Aires, el Malcolm- buque de la Magenta Star. Pero la primera vez que tuve noción de la existencia del Manuscrito Hallado en un Bolsillo fue habitando las calles de la capital Argentina, corría el año 1995. Y cada vez que miraba un reflejo en el vidrio de la ventanilla del Metro, surgía la inevitable evocación del mentado texto.
Como en la tensa espera del puerto, pasé muchos años circulando por los andenes del tren subterraneo, observando cada gesto, atesorando en mi retina las características de los múltiples rostros que componen la amalgama de personas que suben o bajan del carro y que a su vez toman el Metro para desembocar en otro puerto, arriba en la ciudad...
El tópico de la espera es algo que se repite, el azar del encuentro en un mundo bajo tierra que nos conduce a circular como topos en los recovecos de los túneles, buscando una salida en la estación predestinada por las circunstancias propias del día en que abordamos el tren: una reunión, el encuentro con una mujer, el escritorio que nos espera con desgana, el apuro por llegar a destino...
La sola idea de sospechar un encuentro en la línea elegida por derrotero circunstancial- un hecho fortuito en el mundo subterraneo- fue sin duda una instancia a la que le di un valor superlativo...
La cámara que me acompañó en el registro de estas imágenes que verán a continuación fue testigo ocular de la pluma de Julio, el mundo al revés, bajo tierra...

Estacion Bellas Artes del Metro
4-30 de Noviembre 2005
Textos: Julio Cortázar
Fotos: Gabriel Pérez Mardones


Ahora que lo escribo, para otros esto podría haber sido la ruleta rusa o el hipódromo, pero no era dinero lo que buscaba, en algún momento había empezado a sentir, a decidir que un vidrio de ventanilla en el Metro podía traerme la respuesta, el encuentro con una felicidad, precisamente aquí donde todo ocurre bajo el signo de la mas implacable ruptura, dentro de un tiempo bajo tierra que un trayecto entre estaciones dibuja y limita así, inapelablemente abajo...


Rebasar la ruptura que la gente no parece advertir aunque vaya a saber lo que piensa esa gente agobiada que sube y baja de los vagones del Metro, lo que busca además del transporte esa gente que sube antes o después para bajar después o antes, que solo coincide en una zona de vagón donde todo está decidido por adelantado, sin que nadie pueda saber si saldremos juntos...


Bajaré primero o ese hombre flaco con un rollo de papeles, si la vieja de verde seguirá hasta el final, si esos niños bajaran ahora, está claro que bajaran porque recogen sus cuadernos y sus reglas, se acercan riendo y jugando a la puerta mientras allá en el ángulo hay una muchacha que se instala para durar, para quedarse todavía muchas estaciones en el asiento por fin libre, y esa otra muchacha es impredecible, Ana era impredecible...


Se mantenía muy derecha contra el respaldo en el asiento de la ventanilla, ya estaba ahí cuando subí en la estación Baquedano y un negro abandonó el asiento de enfrente y a nadie pareció interesarle y yo pude resbalar con una vaga excusa entre las rodillas de los dos pasajeros sentados en los asientos exteriores y quedé frente a Ana y casi enseguida, porque había bajado al Metro para jugar una vez mas el juego, busqué el perfil de Margrit en el reflejo del vidrio de la ventanilla y pensé que era bonita...


No es verdad que el nombre de Margrit o de Ana vinieran después o que sean una manera de diferenciarlas en la escritura, cosas así se daban decididas instantáneamente por el juego, quiero decir que de ninguna manera el reflejo en el vidrio de la ventanilla podía llamarse Ana, así como tampoco podía llamarse Margrit la muchacha sentada frente a mi...